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“Danza Macabra” es una gran obra de un autor excepcional.
Un hombre atormentado de extraordinario talento; uno de los más grandes
dramaturgos del teatro universal. Es una obra violenta, expresionista,
con un humor sarcástico que permite un trabajo muy interesante con los actores.
En "Danza Macabra" observamos ese mundo que expresa la continua
crisis del individuo. Es el infierno de un matrimonio que lleva
veinticinco años junto. Strindberg se mantiene
neutral entre los dos esposos, y Kurt, el
tercer protagonista, está lleno de comprensión por los desdichados
cónyuges. Los esposos son dos personas que viven en una isla al margen de
la sociedad, que no se relacionan, que no son aceptados por el entorno.
Es un matrimonio de dos fracasados: él, incapaz de conseguir un ascenso en
el ejército, y ella, olvidada de todos, abandonó una carrera teatral muy
modesta.
Tras veinticinco años en común, no tienen nada que decirse. Sólo
reproches. Están muertos. Llega de visita un personaje, Kurt, y su presencia es bien recibida: es un soplo de
vida en este cementerio. Cada uno de los esposos encuentra en él, un
interlocutor a quien confiar sus angustias. Este infierno arrastra,
implacablemente, a Kurt que, se ve envuelto,
contra su voluntad en aquel remolino de miserias. El juego macabro que
despliegan ambos esposos para atraer a Kurt,
les mantiene vivos y unidos. Este juego es su razón de existir. Se
necesitan, están hechos el uno a la medida del otro. Para Strindberg, las
desventuras matrimoniales son una expresión más de la imperfección de la
vida. La lucha, a muerte, entre el hombre y la mujer es una manifestación
de la demencial relación entre los seres humanos. El juego macabro
-desgraciadamente tan vigente siempre- por el control del poder.
Mercedes Lezcano
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